Johann Jacob Bachofen. El es el culpable del cambio de nombre de mi blog, bueno, indirectamente; en realidad los culpables son los grupos, o el grupo, o el colectivo, o los colectivos feministas que se arrogan la representación de todas las mujeres cuando en la realidad existe un grupo mayoritario que no se siente identificado con ellos. Tampoco se siente identificado con las anti, anti feministas, anti aborto, anti trans y anti todo. Y en ese grupo entro yo.
Nosotras, las que no nos embanderamos, también queremos hacer escuchar nuestra voz, más pausada, en un tono más armonioso -o al menos es lo que pretendemos- porque tenemos mucha experiencia transitada y mucho para decir en este campo de controversias en que se ha convertido la "lucha de géneros".
Pero Juan Santiago, que nació en Basilea en 1815, fue un antropólogo que tuvo la virtud de adelantarse a estos tiempos y encontrar la raíz de estos actuales debates y colectivos que son, por supuesto, producto de la violencia tradicional y consentida de otros tantos "colectivos masculinos"; aclaro, algunos, no todo el universo masculino es así, ni mucho menos.
Mi amigo Walter (Benjamin), define el trabajo de Bachofen como profético. Las profecías científicas, explica, son aquellas que van a servir de base y soporte a las predicciones científicas, es decir, aquellas investigaciones que, si bien se apoyan básicamente en herramientas científicas, acuden secretamente a trabajos de índole menos rigurosa aunque públicamente los hayan desestimado. Estos trabajos, los científicos, raramente son leídas por el gran público.
Por mi parte dudo que estos colectivos hayan leído alguna vez a Bachofen que, como dijo Benjamin, más que científico era un profeta. Yo llegué a él de la mano de Benjamin, como llegué a tantos otros intelectuales. En el momento que lo leí yo trataba de descifrar la conexión entre ambos. Ayer lo recordé, a Bachofen, lo desempolvé y encontré algunos postulados que vale la pena compartir, porque a lo mejor permiten que este simple blog, iniciado por mí sin ningún propósito, encuentre uno ahora y lo haga más significativo.
Bachofen dice, por ejemplo, que este antagonismo entre lo masculino y lo femenino, estas luchas entre matriarcado y patriarcado, existen desde la prehistoria. Muchos cientistas sociales lo van a discutir posteriormente, pero Bachofen lo dijo alrededor de 1840 y esto lo hizo un precursor de la temática. A partir de ir comparando las mitologías antiguas, Bachofen descubre que en todas se establece un enfrentamiento entre los principios masculinos y los principios femeninos, y también delimita sus vinculaciones con elementos de la naturaleza y el cosmos: mientras la mujer está vinculada a la noche, a la luna y a la tierra, el hombre se relaciona con el día, el sol y el mar (agua). "El reino de la mujer es el reino de la materia mientras que el hombre halla su morada en el reino del espítiru". Yo, en realidad, hubiera jurado que era todo al revés. Les recuerdo que Bachofen llega esa conclusión después de comparar los mitos antiguos. Tampoco sé muy bien si esto es bueno o malo, nosotras, las mujeres, producto de una educación patriarcal, pensamos que la noche y la materia son factores malos, "oscuros", en realidad, el que anda de noche, por la calle, haciendo maldades es el hombre, dirían nuestras madres ancestrales, pero ¿no será que en realidad ellos se la pasan bomba y que la noche se nos ha negado precisamente por ello?. Conclusión, si hoy por hoy, la noche es patrimonio de lo masculino y en la prehistoria lo era de lo femenino ¿será que nos han robado algo que nos pertenecía? ¿será ese el principio del enfrentamiento? ¿será que el patriarcado se quedó con nuestros atributos?
Sin embargo, páginas después, Bachofen complica la historia. Mientras encuadra al mundo femenino en la religiosidad, la generalidad y el sentimiento, adjudica al mundo masculino, la racionalidad, la individualidad, el espíritu, el Derecho y la Cultura. En definitiva, Derecho y Cultura no se avienen con la religiosidad y el sentimiento, por lo cual, de noche o de día las mujeres somos tildadas de bobas, y esto sucedía tanto en el mundo antiguo o en lo que Bachofen creyó o descubrió en los mitos antiguos y en el mundo moderno, hasta hace poco tiempo (?).
Pero ¿quién adjudicó esos atributos a cada sexo sino un hombre? ¿y cuándo fue? ¿antes o después del matriarcado?
Estos principios contenidos en el mito provocaron un enfrentamiento entre dos Civilizaciones, la pre helénica y la helénica -dice Bachofen- y parece que, el caso griego, sirvió de ejemplo a toda la humanidad.
Pues, a seguir leyendo a Bachofen y ya les contaré que pasó con nosotras las mujeres prehistóricas en la próxima entrega.
Bibliografía: Prólogo del libro en cuestión, autoría de María del Mar Llinares García
Sin embargo, páginas después, Bachofen complica la historia. Mientras encuadra al mundo femenino en la religiosidad, la generalidad y el sentimiento, adjudica al mundo masculino, la racionalidad, la individualidad, el espíritu, el Derecho y la Cultura. En definitiva, Derecho y Cultura no se avienen con la religiosidad y el sentimiento, por lo cual, de noche o de día las mujeres somos tildadas de bobas, y esto sucedía tanto en el mundo antiguo o en lo que Bachofen creyó o descubrió en los mitos antiguos y en el mundo moderno, hasta hace poco tiempo (?).
Pero ¿quién adjudicó esos atributos a cada sexo sino un hombre? ¿y cuándo fue? ¿antes o después del matriarcado?
Estos principios contenidos en el mito provocaron un enfrentamiento entre dos Civilizaciones, la pre helénica y la helénica -dice Bachofen- y parece que, el caso griego, sirvió de ejemplo a toda la humanidad.
Pues, a seguir leyendo a Bachofen y ya les contaré que pasó con nosotras las mujeres prehistóricas en la próxima entrega.
Bibliografía: Prólogo del libro en cuestión, autoría de María del Mar Llinares García

No hay comentarios:
Publicar un comentario