Tres pasos para lograr la libertad personal: Pésaj, matzá y maror
https://www.aishlatino.com/h/pes/m/Pesaj-Los-3-pasos-hacia-la-libertad-personal.html
Pronunciamos tantas veces la palabra "libertad" que hasta la vaciamos de contenido. ¡Quiero ser libre! anhelamos y automáticamente comienzan a desfilar en nuestro pensamiento aquellas obligaciones que creemos que lo impiden: familia, trabajo, etc., etc.. La libertad es una elección y una elección que duele porque elegir implica también perder aquello que quedó del otro lado. La libertad, creo, exige también dejar atrás la "culpa", maldita culpa que siempre nos acompaña, porque al final siempre se trata de elegir entre las necesidades de los otros y las nuestras. Algo así como dividir las aguas entre ellos y nosotros y elegir o elegirse.
"Libertad", extraña palabra que en mi imaginario suena a algo así como a "soltar amarras". Yo imagino un barco que logra liberarse de su ancla, un ancla pesada de hierro fuerte que lo ata a un puerto aparentemente seguro pero rodeado de murallones y comienza a surcar por las olas prometedoras hacia...... Esa es la pregunta ¿Hacia dónde queremos ir? ¿Hacia dónde yo quiero ir?
¿Sabían los israelitas que cruzaron el desierto durante cuarenta años adónde iban, o simplemente Moisés eligió por ellos? Creo que la respuesta se acerca más a la segunda opción, porque muchas veces se rebelaron y construyeron becerros de oro que al menos les proporcionaron entretenimientos, el de la construcción y el de la adoración palpable. La Biblia no nos cuenta sobre las fiestas y las danzas con pandero, que seguro las hubo, para superar la ingestión de las hierbas amargas. Tampoco habla sobre el colorido de las tiendas, la brisa suave del atardecer, el momento de compartir el maná y aquel mucho más íntimo del amor en la penumbra. Esa postal se la saltearon. Supongo que esa travesía por el desierto fue una especie de lo que Marc Augé describe como un "no lugar", un lugar de transitoriedad, un espacio-tiempo donde no hay nada que resolver, en parte porque otros lo resuelven por nosotros y en parte porque allí no se dan las condiciones para un asentamiento permanente; algo así como estar en un aeropuerto, por ejemplo.
Elegir, realmente elegir, fue la decisión de salir de Egipto. Pero la decisión sobre el futuro destino les correspondió a Dios y Moisés, su portavoz, y esto los liberó de la culpa de una elección errónea. La travesía por el desierto no habrá sido tan mala, sabemos que a la Tierra Prometida solo las nuevas generaciones pudieron entrar. Mejor malo conocido, habrán pensado los viejos.
¿Sabían los israelitas que cruzaron el desierto durante cuarenta años adónde iban, o simplemente Moisés eligió por ellos? Creo que la respuesta se acerca más a la segunda opción, porque muchas veces se rebelaron y construyeron becerros de oro que al menos les proporcionaron entretenimientos, el de la construcción y el de la adoración palpable. La Biblia no nos cuenta sobre las fiestas y las danzas con pandero, que seguro las hubo, para superar la ingestión de las hierbas amargas. Tampoco habla sobre el colorido de las tiendas, la brisa suave del atardecer, el momento de compartir el maná y aquel mucho más íntimo del amor en la penumbra. Esa postal se la saltearon. Supongo que esa travesía por el desierto fue una especie de lo que Marc Augé describe como un "no lugar", un lugar de transitoriedad, un espacio-tiempo donde no hay nada que resolver, en parte porque otros lo resuelven por nosotros y en parte porque allí no se dan las condiciones para un asentamiento permanente; algo así como estar en un aeropuerto, por ejemplo.
Elegir, realmente elegir, fue la decisión de salir de Egipto. Pero la decisión sobre el futuro destino les correspondió a Dios y Moisés, su portavoz, y esto los liberó de la culpa de una elección errónea. La travesía por el desierto no habrá sido tan mala, sabemos que a la Tierra Prometida solo las nuevas generaciones pudieron entrar. Mejor malo conocido, habrán pensado los viejos.
Por mi parte, creo que cuando realmente sepa dónde esta mi "tierra prometida" voy a "levar las anclas" por mi propia cuenta. Mientras tanto, voy a continuar surcando las seguras aguas egipcias, cómodamente atada a una cuerda que me posibilitará un corto espacio de navegación (esa sensación de "ser libre con reparos") pero que no me va a permitir cruzar más allá del horizonte conocido. Esto también duele. Esto es como seguir eligiendo la esclavitud.



