El por qué de este blog

Por qué este blog? porque nosotras, las mujeres que no nos embanderamos, también queremos hacer escuchar nuestra voz, más pausada, en un tono más armonioso -o al menos es lo que pretendemos- porque tenemos mucha experiencia transitada y mucho para decir en este campo de controversias en que se ha convertido la "lucha de géneros". E invitamos a aquellas compañeras que se sientan identificadas con nuestra postura a colaborar en nuestro blog con sus comentarios.

jueves, 31 de agosto de 2017

Si Evita viviera.....

De esto precisamente quiero hablar: de los límites en la información cuando de niños se trata



  Justo en el post anterior  hablaba de mi infancia, y dije que había tenido una buena infancia, lo cual es cierto, pero me olvidé de los miedos....que me hicieron sentir, seguramente sin ellos saberlo, algunos maestros y directores.

Yo, que ya atravieso una larga tercera edad, comencé la escuela primaria durante el primer gobierno peronista. Durante ese período aprendíamos a leer y escribir con libros muy parecidos a los que muestran estas figuras. Aprendíamos a leer y al mismo tiempo absorvíamos  la propaganda política que nos imponía el estado nacional.
 Mi papá era un férreo militante radical, por lo tanto, yo no desconocía los epítetos que merecía en nuestra casa el presidente y su señora esposa, y esa contradicción "ideológica" que se producía entre mi casa y la escuela me hacía temblar.  Yo tenía un miedo terrible de que alguien, el padre de alguno de mis compañeros que vivían en nuestra cuadra, hubiera escuchado las diatribas de mi viejo y le dijera "a la maestra" que nosotros "no éramos peronistas". Esto traería, según mi infantil percepción,  la consecuencia de que toda la familia fuera a parar a la cárcel. En algún momento mi hermana y yo encontramos la forma de eludir las supuestas detenciones: escondernos debajo de la mesa (mesa sólida de antes, con mantel largo) cada vez que mi padre revisaba nuestros cuadernos o miraba el libro de lectura. Pero ¿qué sería de nosotros si se llevaban en cana a mis padres? a los dos, porque mi mamá lo acompañaba en su protesta y también mi tía, que para conservar su trabajo en la Municipalidad  de Buenos Aires se había visto obligada a afiliarse al partido peronista y a comprar  "La razón de mi vida", libro que supuestamente había escrito Eva Perón.  Para nosotros no había salvación posible.

Ni en el cielo ni en la tierra. Porque a los ocho años, cuando comencé a prepararme para mi primera comunión y descubrí que mis padres no iban a misa los domingos (tampoco nosotras) y no respetaban las "fiestas de guardar", supe que estaban condenados al infierno. Con mi hermana lo arreglamos fácilmente; el día de la primera confesión confesamos  nuestras inasistencias, rezamos diez ave marías, fuimos perdonadas, y por un período no demasiado largo cumplimos con el rito dominguero. Pero nuestros padres, que se negaron a nuestros reclamos, no tenían salvación.

¿Qué quiero decir con esto? Que no todo el mundo piensa igual y que un maestro no puede inculcarle a sus alumnos menores de edad ninguna ideología, porque en la mente del niño se crea una contradicción y en su imaginación una distorsión de la realidad, que no es igual para todos. En la mía, ya fuera por antiperonistas o por flojedad religiosa, mis padres eran diferentes a los otros y merecían la cárcel en la tierra y el infierno en la otra vida, y eso me hizo sufrir muchísimo, si ellos eran diferentes, yo también era diferente, por lo tanto estaba en la mira de todos mis vecinos, compañeros y maestros.

Años después, descubrí que no todos mis vecinos eran peronistas  y que ninguno iba a misa los domingos. Pero ya no me importaba, porque yo tampoco era peronista y había cambiado de religión a una menos exigente. Seguramente muchos de mis maestros tampoco eran peronistas y putearían por lo bajo cuando les llegaban los consabidos cuadernillos. Como hoy, cuando llegan los cuadernillos de Cetera para que los maestros le expliquen a los alumnos la desaparición de Santiago Maldonado.

¿Qué puede explicarle un maestro a un niño de Educación Inicial, o de tercero, o de quinto sobre un conflicto del que no se terminan de conocer las causas, el origen y el desenlace, o aunque se conocieran?  ¿Le puede un maestro explicar a un niño qué es la política, qué son los políticos y cuáles son sus estrategias eleccionarias, para "contextualizar" el caso Maldonado? ¿Como le explica un maestro a un niño que el dolor por una desaparición o una muerte puede ser  desvirtuado por la propaganda política? ¿No es mejor hacerles conocer los Derechos  de los Niños, que además no se cumplen en su mayoría, y dejar que sus padres decidan qué cosas y cuáles no, debe conocer el niño en relación a los sucesos nacionales?. Cómo dice Urtizberea, "dejemos que los niños sean niños" y si algún padre quiere que su hijo sepa qué pasó con Maldonado que se lo explique él y que incluso lo lleve a una manifestación. Pero hay ciertas responsabilidades que no competen a la escuela y eso nos debe quedar claro a todos. Aún a los militantes de los Derechos Humanos, muchos de los cuales no parecen haberlos leído nunca.

Algunos de los principios de la Declaración de Derechos del Niño dicen:

"El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia".

"El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres".

"El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes"

"El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados".

"El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho".

"El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad"  (Y eso no se logra imponiendo las ideas de un gremio partidario)

Cuánto más importante es hacer jornadas sobre "Discriminación", los casos de discriminación entre niños aumentan cada vez más en las escuelas;  sobre su derecho a expresar sus opiniones y ser escuchados; sobre la importancia de la solidaridad, ejemplificada en las pequeñas acciones cotidianas. Qué se yo, hay tantas cosas para contarles a los niños que ellos pueden comprender, y que no se las explican.....






domingo, 20 de agosto de 2017

El niño que hay dentro tuyo...no existe

Por suerte se está terminando este fastidioso "Día del niño". A mi los días de......realmente me fastidian, pero este en especial, porque, como ya lo escribí en el facebook, ponen en evidencia, más que otros días, o tal vez, al igual que el día de Reyes, que la infancia no es igual para todos. Los niños son niños y hay cosas que no entienden, aunque se la expliquen, no entienden su propia pobreza, su exclusión del "mercado del juguete". Y no tienen por qué entenderlo, porque eso no debería existir.

No debería existir los comedores barriales y las colas de niños que ese día reciben un juguete de segunda mano, a veces hasta roto o incompleto,  o el cachivache de plástico que parece más un artículo de cotillón. 

El "Día del Niño", invento de los comerciantes para vender más y de paso juntar capital para abastecer su negocio cara a la Navidad y  Reyes, es para mí una afrenta, es una obscenidad que además  fomenta el consumo de cosas inútiles, que ningún niño necesita. Y aunque mi hija diga que esa industria, la del juguete, también da trabajo, yo el día del niño no me lo banco.

Walter Benjamin dice que los juegos infantiles están llenos de comportamientos miméticos; el niño no solo juega a ser maestro, o conductor de tren, sino también juega a ser el propio ferrocarril o un molino de viento. Al niño le entusiasman más los objetos que usan los grandes, que los juguetes, las niñas prefieren los cucharones y las cacerolas de verdad, o una par de zapatos de tacones de su madre. Los niños sueñan golosamente con jugar con las herramientas de su  padre. O al revés, ya no hay estereotipos. Todo eso ya lo sabemos. Lo vemos todos los días. Los niños también lo saben, pero ese día, hoy, hay que consumir, el juguete made in China, a un precio 100 veces más caro que en origen y en 18 cuotas, que te ordena la publicidad. Y lo compramos, yo también lo he hecho. 
Lo compramos si lo podemos comprar....

En homenaje a los niños quiero publicar un hermoso poema de Mex Urtizberea.
Dedicado al niño que atraviesa la infancia, solo a ese, porque hoy día ha recibido más felicitaciones mi "niño interior" que mi nieta Cármen. Amigos, yo no tengo un niño interior, y aunque quisiera cambiar muchas cosas en mi vida, sobre todo la edad, estoy muy contenta con mi adultez; y no porque mi infancia haya sido triste, que no lo fue, sino simplemente porque no me interesa revivirla, solo recordarla, sin nostalgia, de vez en cuando...


Y aquí el poema:

Que sean niños los niños.
Que sean niños, 
y no clientes de las compañías de celulares, 
o vendedores de rosas en los bares, 
o estrellas descartables de la televisión.

Niños, 
no limpiavidrios en los semáforos, 
o botín de padres enfrentados 
o repartidores de estampitas en los subtes.

Que no sean niños soldados, los niños. 
Que sean niños los niños, simplemente.
Que no sean foto de un portal pornográfico. 
Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales
de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. 
Los que reciben los golpes.
 Los bombardeados por publicidad.

 Que sean niños los niños. 
Todo lo aniñados que quieran. 
Todo lo infantiles que quieran. 
Todo lo ingenuos que quieran. 
Que hagan libremente sus niñerías.

Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, 
los acosados por las preocupaciones, 
los tapados de actividades.
Que sean niños los niños
 y se los deje preguntar sin levantar la mano, 
formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera
no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.

Que sean niños los niños
 y no los incentivados con desmesura
a consumir todo lo que saca el mercado.

Que sean niños, 
y no los que aspiran pegamento en una esquina
o fuman paco en la otra, 
tan de nadie, tan desprotegidos.

Niños, 
no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno
o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable,
que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; 
que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes,
 los dirigentes de todos los partidos, 
los periodistas de todos los medios, 
los vecinos de todas las cuadras, 
los asistentes sociales de todas las municipalidades,
 los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños,
 no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".
Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante,
que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo;
que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, 
que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día.
 Que lo sean todos los días del año. 
Que sean felices los niños, por ser niños. 
Inocentes de todo lo heredado.











lunes, 26 de junio de 2017

La costumbre olvidada de escribir cartas

Hace años, un montón, teníamos la interesante manía de escribir cartas. Eso sucedía aún cuando nuestro destinatario viviera en la otra cuadra, pero teníamos urgencia de comunicar nuestros pensamientos. Todo eso se acabó, con la correspondencia electrónica llegó la brevedad y el vacío intelectual y dialógico: sip, nop, + o -, más tarde contesto, toy llegando, beso.

Más aún, si siguiéramos con esa sana costumbre estoy segura que gastaríamos mucho menos en psicólogo. Qué mejor que un papel para recibir nuestras angustias cotidianas, aunque después ese papel terminara abollado en un canasto. Nada más esperado que el consejo de un amigo distante advirtiéndonos que no hiciéramos tal o cual macana, aunque cuando llegara la respuesta la macana ya estaba hecha.



Ay! nuestras cuitas de adolescentes!!! Y el placer de desparramarlas en una interminable carta, que nos hacía revivir el momento romántico que habíamos vivido esa mismísima noche. Revivir, adornar, engolosinar, manejar las intensidades, aumentarlas de ser posible u ocultar las que habían sido muy subidas de tono,

Precisamente, debido entonces a esa antigua manía hemos podido rescatar los pensamientos íntimos de nuestros filósofos más admirados. Entonces encuentro que Adorno, el 18 de marzo de 1936,  se disculpa de esta manera, desde Londres, con su amigo Walter Benjamin, por no haber respondido enseguida su carta:

"La terrible presión de trabajo al que me encuentro sometido -el libro de Lógica, la conclusión de mi parte, terminada excepto dos análisis, de la monografía sobre Berg y la investigación sobre el Jazz- hacen que cada uno de estos comienzos carezca de expectativas. Y enteramente frente a una producción en presencia de la cual tomo muy seria conciencia de la insuficiencia de la comunicación escrita....no hay una sola frase que no deseara comentar a fondo con usted. Mantengo la esperanza de que ocurra muy pronto, pero por otra parte no quisiera esperar tanto tiempo para contestarle, por insuficientemente que sea".



Cuál hubiera sido la disculpa de nuestro amigo, hoy: Mucho trabajo, cuando pueda te contesto. Bs.
Por supuesto, la respuesta pendiente será más breve que la disculpa de Adorno.

Como soy lo suficientemente vieja para recordar aquellas conversaciones que manteníamos en los bares, en aquellos tumultuosos años ´70, donde se mezclaba la filosofía, la política, las películas de Buñuel y los libros de Scorza, puedo también lamentar la pérdida de los diálogos que enriquecían nuestra vida intelectual. Eso también cambió, como ejemplo, la tarde lejana, en Carmen de Patagones  -lejana pero con la cybernética incorporada a nuestras vidas- cuando comenté en una mesa de amigos mi, entonces recién inaugurado, amor por Benjamin y un "profesor de Historia" me plantó un muy displicente: a vos cualquier colectivo te deja bien. 
Parece que no, con altos y bajos este amor fue creciendo y a través del mismo pude conocer dos siglos de pensadores que no figuraban en mi haber y que me abrieron las puertas a una Historia diferente. Mientras tanto, el crítico en cuestión sigue cómodamente sentado frente a la investigación que dio origen a su carrera en Conicet.

viernes, 16 de junio de 2017

Lulú en Yenny, pero afuera





Bueno, viernes, y no todo es Pestalozzi, también es lluvia y aburrimiento. Pero se me ocurre que tengo que escribir algo yo, para que este blog no se quede encadenado a la historia.
Busco una imagen, elijo esta y me acuerdo del día en que le saqué esta foto a Lulú, en la puerta de Yenny, en el Paseo Aldrey (horrible y frío shopping marplatense) y cómo sus amigos se reían cuando ella la publicó en facebook, “Lulú -le decían- cualquiera que vea la foto va a creer que te gustan los libros, leer..”. No, a ella no le gusta leer y lo lamento, porque no sabe lo que se pierde. Pero, se debe reconocer que aunque en las redes surgen páginas que incentivan a la lectura, el mundo, hoy, no es el de la letra, es el de la imagen y que, mal que nos pese a los viejos, esa es otra forma de aprender, menos intelectual, más sensorial, pero igualmente válida.

El mundo de la imagen y de la inmediatez, el tiempo de las frases cortas y mal escritas. Otro mundo. Lástima que el sistema educativo aún no lo haya comprendido y se continúen aplicando viejas metodologías que no contribuyen en nada al aprendizaje, peor aún, la estrategia educativa tiene como soporte desabridas  fotocopias grises, sobre la cual, el alumno debe responder puntualmente a una pregunta cuya respuesta está escrita cuatro renglones más arriba.

Las editoriales sí lo entendieron, por eso publican libros donde la imagen es la protagonista. Imágenes coloridas, impresas en papel brillante, en ediciones que cuestan un huevo y que solo se regalan para las navidades. Pero así subsisten, y es imposible resistirse a una azalea furiosamente violeta y verde, o a un volcán chorreando chocolate, elaborado por Osvaldo Gross, si se presentan en un policromado álbum de tapa dura. También hay libros, claro, con letras. Las letras, las frases, también conforman imágenes, acaso más profundas, más auténticas; pero eso solo lo sabemos los viejos lectores y sólo Ruiz Zafón puede predecir que será de esos libros cuando todos los lectores ya no estemos en este mundo. ¿Qué será de los libros de García Marquez, de Goytisolo, de Murakami, de.... todos los libros escritos durante cientos y cientos de años y siglos,,,y cuando ya no sean ni leídos en soporte digital? ¡Cuántos personajes morirán con nosotros cuando nadie los lea!?

Nada se pierde, todo se transforma y hay que actualizarse, dijo un filósofo. Yo también estoy fascinada por el mundo de las imágenes; tal es así que he decretado que en mi próxima vida voy a ser técnica en efectos especiales y voy a trabajar, por supuesto, en Hollywood (si es que Hollywood todavía existe y no lo fulminó el Isis).
En ese, mi futuro, alguien hará una remake de “Piratas del Caribe” y allí estaré yo, provocando incendios y hundiendo barcos en aguas hexagonales, o lo que esté de moda en ese momento. Y eso se debe a que, de tanto ir con mis nietos a ver esas películas he comenzado a disfrutarlas, tanto, tanto, que yo misma propongo ir a ver las de Marvel.
Lo que sí me asombra, es que haya "críticos de cine" que le achacan a esas películas su falta de argumento. Tío, esas películas son para ver formas, colores, palacios que se derrumban haciendo un ruido infernal, y oír una música de alto voltaje que sale de los parlantes laterales de la sala cinematográfica; son películas para los sentidos, no para el intelecto.

Y en ese, mi futuro, tal vez me estén esperando Iron Man o Jack Sparrow.

Fdo: Elizabeth



lunes, 12 de junio de 2017

¿Qué produciría hoy la lectura de esta carta?


Justo en este momento que ha surgido una remake del feminismo, y con esto me refiero al feminismo extremo, que se asemeja, o mejor dicho, que se iguala,  al machismo que siempre criticamos las mujeres y que divide en dos las aguas de la humanidad, al punto de hacernos olvidar que ante todo somos personas humanas y como tal defendemos el derecho a la vida y la libertad de todos y no enemigos en virtud del sexo, justo en este momento, digo, encuentro esta carta que Georg Christoph Lichtenberg le envió a su amigo G. H. Amelung, y que fue publicada por Walter Benjamin en “Personajes Alemanes”.


Georg Christoph Lichtenberg (el de la foto) fue un científico y escritor alemán, profesor de la Universidad de Gottinga (dice Wilki), que nació en 1742. De Amelung no encuentro referencias, salvo que Georg Chistoph le escribió la carta. De la misiva, Benjamin dice que encuentra en ella “un grandioso laconismo”... “Pues por más que Lichtenberg exponga con el mayor lujo de detalles la vida de la chica que acogiera en su casa, aunque se remonte a su infancia, luego se interrumpe de repente, de una manera estremecedora, sin decir siquiera una palabra sobre su enfermedad, como si la muerte se hubiera llevado no solo a su amada, sino la pluma que perpetúa su recuerdo…”.



He aquí la carta escrita por Lichtenberg, prueba suficiente que, al día de hoy, lo haría merecedor de un repudio en las redes sociales.

Gottinga, principios de 1783 (O sea que el mozo tenía 41 años)

·         Queridísimo amigo:
·         Esto sí que es por cierto amistad alemana. Mil gracias por haberse acordado de mí. He tardado un poco en contestarle, pero el cielo bien sabe por qué. Es el primero al que se lo confieso. El verano pasado, muy poco después de recibir su última carta, sufrí la pérdida más grande que he tenido en toda mi vida. No le cuente a nadie lo que voy a decirle. En el 1777 (aquí tenía 35)  conocí una muchacha de esta misma ciudad, una que tenía por entonces sólo poco más de trece años; hasta entonces nunca había visto tal modelo de belleza y de dulzura, y eso que ya he visto muchas cosas (¿escribió "cosas"?). La primera ocasión en que la vi ella se encontraba en compañía de cinco o seis niños más que, como es aquí costumbre, vendían flores a los transeúntes en los alrededores de la ciudadela. Me ofreció un ramo y lo compré. Conmigo iban tres ingleses que entonces se alojaban en mi casa- “Dios mío” dijo uno de ellos, “qué hermosa es la muchacha. También yo me había dado cuenta; y sabiendo que nuestra ciudad es una Sodoma, pensé muy seriamente en poder retirar de ese comercio a aquella excelente criatura. Por fin, conseguí hablar a solas con ella y le pedí que me visitara, pero ella respondió que nunca iba a la casa de un hombre. Le dije que era profesor de la Universidad, y por fin una tarde me visitó con su madre. Dicho en pocas palabras: dejó de vender flores y pasaba en mi casa el día entero. Y descubrí que en el hermoso cuerpo vivía el alma que había buscado sin tener éxito durante muchos años. Le enseñé a escribir y calcular y le proporcioné otras nociones que, sin hacer de ella una sabionda, desarrollaron su inteligencia. Mi instrumental de física, que costó más de 1.500 taleros, la interesó por su resplandor, y así acabó siendo casi su único entretenimiento. Nuestra relación creció hasta el máximo. Ella se iba muy tarde cada día para volver a la primera hora de la mañana siguiente, y su principal preocupación era mantener correctamente la totalidad de mis cosas, es decir, desde la corbata hasta la bomba neumática, y lo hacía con dulzura celestial que antes yo nunca habría creído posible. La consecuencia fue, como usted mismo estará suponiendo, que a partir de la Pascua de 1780, ella ya se quedó a vivir en mi casa. Se encontraba tan a gusto con este tipo de vida que no salía de ella sino para ir a la iglesia. No había modo de echarla, siempre estábamos juntos. Y, cuando estaba en la iglesia, era como si con ella se hubieran ido mis dos ojos y todos mis sentidos. En pocas palabras: se convirtió en mi esposa (consiéntame la expresión, querido amigo) sin mediar bendición sacerdotal. No podía mirar sin la mayor emoción a este bello ángel que había aceptado llevar este vínculo. Me Resultaba en verdad insoportable que ella me hubiera sacrificado todo sin darse tal vez cuenta de la enorme importancia que la cosa tenía. De manera que opté por sentarla a la mesa cuando unos amigos comían conmigo, y le proporcioné además los vestidos que correspondían a su situación, y cada día la iba amando más. Decidí casarme con ella ante el mundo, cosa que ella me recordaba también una que otra vez. Pero, ¡dios mío! De repente mi celestial muchacha se me murió al atardecer del 4 de agosto de 1782. Había llamado a los mejores médicos, y había hecho todo lo posible. Permita, amigo mío, que termine. Ya no puedo seguir.
·         G.C. Lichtenberg



Pues, que cada uno saque sus propias conclusiones. Por mi parte, “ella” no tiene nombre, siempre es “ella”, una Viridiana alemana que no pudo pasar a la historia porque Georg Christoph no la nombró ni una vez en su carta. Otra cosa tremenda para las mujeres el siglo XVII, los hombres solo les compraban vestidos cuando “las sentaban” a la mesa con sus amigos. Pero al menos esas comidas, supongo yo, no serían como hoy, “a la romana”. 

martes, 21 de marzo de 2017

Pestalozzi enamorado

OH, el amor, el amor!!!! El amor en el bello tiempo del romanticismo que las guerras y el capitalismo dejaron atrás. Pero otro romántico de entre guerras, Walter Benjamin, rescató las cartas de antiguos amantes y las publicó en un libro "Alemanes", poco difundido y muy digno de ser leído, porque nos permite conocer los sentimientos de quienes solo conocemos sus escritos y sus teorías.
Hoy abrimos este blog con una carta que Johan Heinrich Pestalozzi, el conocido pedagogo, educador y reformador Suizo, le escribió a Anna Schulthess.

Pestalozzi, hijo de la Ilustración pero también del Romanticismo, así le escribía a su amada:
Si en el piadoso banco de una iglesia un santo monje ofrece a una chica su mano sin haberla ocultado bajo el burdo paño de su hábito, ha de hacer penitencia, y si un chico le habla a una chica de un beso, aunque sea sin darlo ni recibirlo, también tendrá que hacerla. Por mi parte, yo hago penitencia para que mi chica no se enfade. Dado que una chica no se enfada  al ver a un chico que, siendo digno de ella, cree sinceramente ser amado por ella; pero si el chico le menciona un beso, ella seguro que se enfadará, pues no besamos a todos los que amamos, y los besos de las chicas sólo están destinados a la boca de aquellas que son sus amigas. Y por eso es un pecado muy grave el que un chico intente inducir a una chica a que lo bese. Siendo el pecado especialmente grave si un chico intenta inducir a esto a una sola chica, la que ama.
Un chico nunca debe desear ver a sola a la chica que ama. La sede de una amor puro e inocente son las reuniones ruidosas y las inseguras habitaciones de la ciudad, así que fue un peligroso hereje  quien dijo que las "cabañas"  son un séjour des amants [una residencia de los amantes], pues alrededopr de las cabañas siempre hay caminos solitarios, bosques y prados, lagos y árboles umbríos. El aire ahí es puro y respira alegría, serenidad y gozo ¿cómo podría resistirse ahí una chica a los malvados besos de su amado? No, el lugar en que un chico que sea discreto quiere ver a su amada es sin duda en mitad de la ciudad. Una calurosa tarde de verano él espera a su amada bajo las tejas ardientes de una habitación llena de vapor llena de vapor, una en la cual la barrera de un muro se alza poderosa frente al murmullo del céfiro. El calor, el vapor, la gente y el miedo mantienen así al chico en un silencia decoroso y decente, y a menudo se produce ahí  una prueba la de la mayor virtud, y de una que no se conoce en el campo: la del chico que se queda dormido aún estando en presencia de su amada.
Por eso yo tengo que hace penitencia, pues debo confesar que he deseado los paseos solitarios y los besos; pero soy un desalmado pecador, y mi chica lo sabe; mi penitencia sería pues hipócrita y tal vez yo no desee otra. Por eso no voy a hacer penitencia; y si Doris  se enfada yo me enfadaré y le diré:
"Responde ¿qué he hecho? Me quitaste la carta y la leíste sin tener mi permiso porque no era tuya.- ¿Es que yo no puedo escribir para mí?, ¿no puedo soñar con unos besos si me apetecen? Sabes que ni doy besos ni los robo, sabes también que no soy audaz, sólo es mi pluma. Si tu pluma está peleada con mi pluma, hazle entonces que escriba y que castigue empleando reproches de papel a mi arriegada audacia de papel. A nosotros no nos incumbe esa pelea. Si lo quieres así, haz que tu pluma se enfade con mi pluma, Pero no dispongas en tu rostro arrugas de enfado y no vuelvas a apartarme de ti, tal como lo has hecho hoy".
Tengo el honor de ponerme a vuestros pies por siempre 
                                                     Vuestro seguro servidor       H.P
Anna y su seguro servidor se casaron en 1769, contra la voluntad de los padres de la novia, ella tenía 31 años, y él 23. Ella lo siguió en todas sus aventuras y compartió sus ideales, y también una vida llena de privaciones, producto del apasionado carácter de Heinrich. Tuvieron un solo hijo, pero su casa de campo se convirtió en una verdadera escuela y hogar para muchos niños. Heinrich creía que a los niños no se les deben proporcionar conocimientos ya construidos, sino la oportunidad de aprender sobre sí mismos mediante la actividad personal. 



Kierkegaard, un seductor

"Yo soy un estético, un erótico, que ha comprendido lo principal y esencial del amor, que cree en el amor y lo conoce a fondo, que solamente se reserva la opinión privada de que una historia de amor dura como mucho medio año y de que una relación amorosa está acabada cuando se ha gozado de ella hasta el final"