No debería existir los comedores barriales y las colas de niños que ese día reciben un juguete de segunda mano, a veces hasta roto o incompleto, o el cachivache de plástico que parece más un artículo de cotillón.
El "Día del Niño", invento de los comerciantes para vender más y de paso juntar capital para abastecer su negocio cara a la Navidad y Reyes, es para mí una afrenta, es una obscenidad que además fomenta el consumo de cosas inútiles, que ningún niño necesita. Y aunque mi hija diga que esa industria, la del juguete, también da trabajo, yo el día del niño no me lo banco.
Walter Benjamin dice que los juegos infantiles están llenos de comportamientos miméticos; el niño no solo juega a ser maestro, o conductor de tren, sino también juega a ser el propio ferrocarril o un molino de viento. Al niño le entusiasman más los objetos que usan los grandes, que los juguetes, las niñas prefieren los cucharones y las cacerolas de verdad, o una par de zapatos de tacones de su madre. Los niños sueñan golosamente con jugar con las herramientas de su padre. O al revés, ya no hay estereotipos. Todo eso ya lo sabemos. Lo vemos todos los días. Los niños también lo saben, pero ese día, hoy, hay que consumir, el juguete made in China, a un precio 100 veces más caro que en origen y en 18 cuotas, que te ordena la publicidad. Y lo compramos, yo también lo he hecho.
Lo compramos si lo podemos comprar....
En homenaje a los niños quiero publicar un hermoso poema de Mex Urtizberea.
Dedicado al niño que atraviesa la infancia, solo a ese, porque hoy día ha recibido más felicitaciones mi "niño interior" que mi nieta Cármen. Amigos, yo no tengo un niño interior, y aunque quisiera cambiar muchas cosas en mi vida, sobre todo la edad, estoy muy contenta con mi adultez; y no porque mi infancia haya sido triste, que no lo fue, sino simplemente porque no me interesa revivirla, solo recordarla, sin nostalgia, de vez en cuando...
Y aquí el poema:
Que sean niños los niños.
Que sean niños,
y no clientes de las compañías de celulares,
o vendedores de rosas en los bares,
o estrellas descartables de la televisión.
Niños,
no limpiavidrios en los semáforos,
o botín de padres enfrentados
o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que no sean foto de un portal pornográfico.
Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales
de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas.
Los que reciben los golpes.
Los bombardeados por publicidad.
Que sean niños los niños.
Todo lo aniñados que quieran.
Todo lo infantiles que quieran.
Todo lo ingenuos que quieran.
Que hagan libremente sus niñerías.
Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan,
los acosados por las preocupaciones,
los tapados de actividades.
Que sean niños los niños
y se los deje preguntar sin levantar la mano,
formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera
no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños
y no los incentivados con desmesura
a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños,
y no los que aspiran pegamento en una esquina
o fuman paco en la otra,
tan de nadie, tan desprotegidos.
Niños,
no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno
o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable,
que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica;
que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes,
los dirigentes de todos los partidos,
los periodistas de todos los medios,
los vecinos de todas las cuadras,
los asistentes sociales de todas las municipalidades,
los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños,
no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".
Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante,
que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo;
que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan,
que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día.
Que lo sean todos los días del año.
Que sean felices los niños, por ser niños.
Inocentes de todo lo heredado.

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